El cuaderno de fresas

El blog de la gente sana. Por Raquel González

Obesos, ¿todos iguales?

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Mucho se habla de la lucha contra la obesidad. Y para ello, mientras unos optan por reducir la ingesta calórica, otros se calzan unas zapatillas de running los sábados por la mañana. Sin embargo, si de lo que realmente hablamos es de prevenir la enfermedad cardiovascular, hay que ir más allá. No todos los obesos son iguales y no es lo mismo ejercicio que actividad física. Los expertos defienden un nuevo enfoque cardiovascular en el que obesidad no es sólo una cuestión de peso y en el que es más importante moverse cada día que ‘sufrir’ en un gimnasio dos por semana. Así lo explicaba recientemente el profesor Alfonso Castro Beiras en la conferencia magistral que ofreció con motivo de la III Jornada de Actualización Cardiovascular celebrada en el Hospital Universitario HM Montepríncipe de Madrid.

AlfonsoCastroBeirasProfesor Alfonso Castro Beiras

Hoy, la enfermedad cardiovascular es la primera causa de mortalidad en nuestro medio, sustituyendo así a las enfermedades infecciosas, que antiguamente encabezaban el ranking. Y es que, como recordaba en su conferencia el profesor Castro Beiras, catedrático de Medicina-Cardiología de la Universidad de A Coruña, en los años ‘70 apenas había infartos. Tanto era así, que en una de las primeras unidades coronarias que se montaron en el sector público, la del Ramón y Cajal y en la que él era uno de los responsables, alcanzar 15 infartos en un mes era algo excepcional cuando actualmente son muchos los hospitales que en un sólo día atienden este número de casos.

Esperanza de vida

A pesar del incremento en la prevalencia y de ser responsable del 47% de todas las muertes en Europa, los avances en el manejo de la enfermedad cardiovascular han sido los principales responsables del incremento registrado en nuestra esperanza de vida entre el año 1980 y el 2000. En esos 20 años, hemos ganado una media de seis años de vida y más de tres lo han sido por las mejoras en prevención y asistencia de la enfermedad cardiovascular. Dentro de ellas, puede decirse que la mitad de la mejoría se ha debido a avances en el control de los factores de riesgo, sobre todo del colesterol y la hipertensión, mientras que la otra mitad ha venido por las mejoras asistenciales.

Pero nuestra esperanza de vida continúa incrementándose y, según el catedrático, “cada día, aumenta un minuto”. La duda es si esto seguirá siendo así en el futuro. Los epidemiólogos no lo tienen muy claro y es que la prevalencia de obesidad y diabetes está creciendo tanto que muchos aseguran que cuando las nuevas generaciones alcancen los 65 años empezará a verse una merma en esa esperanza de vida de la que hoy tanto presumimos.

Interrogantes

Son varios los interrogantes que el profesor Castro Beiras planteó durante su intervención, entre ellos que quizás los factores de riesgo que se manejan actualmente no sean suficientes y haya que incluir otros nuevos que expliquen, por ejemplo, por qué en un endotelio aparentemente sano puede de repente producirse un trombo.

Asimismo, alertó sobre la elevada tasa de muerte súbita entre la población por debajo de los 65 años e hizo un llamamiento a los expertos allí presentes para reflexionar sobre este tema. En muchos casos, explicó, se desconoce la causa y en muchos, además, hubiera podido prevenirse.

Factores de riesgo

El principal factor de riesgo cardiovascular en los países con mayor nivel de ingresos es el tabaco. En el caso de España, señaló, se ha conseguido más frente al tabaquismo con la legislación que con la educación. Sin embargo, parece que si bien la legislación ha favorecido que muchos fumadores abandonen el hábito, no ha sido tan efectiva en impedir que la población joven se inicie en el mismo.

En cuanto a la hipertensión arterial, insistió, se ha conseguido mucho, pero aún hay un elevado número de pacientes sin control. En este campo, abogó porque fuera el médico quien dictara la estrategia y la enfermera quien asumiera el papel de cuidadora en el seguimiento del paciente.

Con respecto a la dieta, apuntó que en nuestro país ésta era buena y que lo que había que hacer era no perderla. Sí criticó el elevado consumo de sal: entre 5 y 7 gramos diarios cuando no debería exceder los 3.

En cuanto a los factores sobre los que habría que hacer un replanteamiento se refirió a la obesidad y a la actividad física.

Hay obesos y obesos…

Son numerosos los estudios que señalan que la obesidad se relaciona con un incremento de la mortalidad y de la enfermedad, concretamente de la cardiovascular. Tanto es así que desde 2013 la OMS la considera una enfermedad en sí misma.

Y es que la obesidad no es solamente sobrepeso y todos los obesos no son iguales. Más allá del acúmulo de grasas, la obesidad, explicó, supone una interacción con todos los demás factores de riesgo que conduce a un daño progresivo de las arterias que en unos pacientes es más evidente que en otros y que lleva a la arterioesclerosis.

Además, “dentro de los obesos hay distintas categorías y, por eso, es muy importante tener en cuenta las distintas herramientas de que disponemos para medirla, por ejemplo, el índice de grasa corporal o el de cintura cadera”, explicó. En cuanto a la utilización del IMC, subrayó que aún desconocemos cuál es el índice óptimo y es que se ha visto en distintos estudios que obesos tipo 1 no necesariamente presentan una mayor mortalidad que los que tienen normopeso.

En este punto, la actividad física parece desempeñar un papel fundamental. De hecho, algunos estudios concluyen que personas con obesidad que realizan ejercicio físico presentan menos efectos cardiovasculares y menor mortalidad que los sedentarios, sean estos obesos o delgados. Esto lleva al concepto de que en el paciente obeso no sólo es importante perder peso sino hacerlo realizando actividad física. Además, se ha visto que en los pacientes obesos con enfermedad cardiovascular el ejercicio físico puede suponer una regresión de la misma o, al menos, detener su progresión.

La paradoja

Si bien es cierto que cada vez son más los que presentan sobrepeso también lo es que crece el número de personas que realiza ejercicio. Sin embargo, la prevalencia de enfermedad cardiovascular continúa en aumento. Y es que nuestro estilo de vida, incluso el de quien hace ejercicio, es cada vez más sedentario. De poco sirve ir una vez a la semana al gimnasio, a la piscina o a jugar un partido de golf si en nuestro día a día permanecemos sentados durante la jornada laboral y luego llegamos a casa y nos sentamos cuatro horas frente al televisor.

El profesor Castro Beiras defendió la actividad física diaria por encima del ejercicio que, aunque periódico, no conlleve moverse habitualmente. “Centramos el mensaje en decirle al paciente que haga ejercicio físico, cuando lo que debemos decirle es que se mueva, que no permanezca sentado tantas horas. En nuestro país, la gente lo suficientemente activa es una minoría, no llega ni al 30%, el resto de la población lleva una vida sedentaria”, apuntó. Y es que la actividad física conlleva tanto un gasto energético como un efecto fisiológico muy importante sobre el endotelio. “El simple hecho de la bipedestación está produciendo contracciones musculares con gasto energético, pero también con cambios metabólicos, sobre todo en el endotelio, muy importantes”, subrayó.

Y en cuanto a cuándo empezar con el ejercicio, la respuesta parece obvia, cuanto antes, mejor. Y esto quiere decir desde la infancia. En este sentido, los estudios muestran cómo a los 40 años de edad quienes ya eran obesos desde pequeños tenían una supervivencia menor.

Riesgo relativo

La suma de factores de riesgo cardiovascular no incrementa el riesgo de manera sumatoria sino exponencial y esto es algo que no debe perderse de vista. Además, es importante que el paciente sepa cuál es su riesgo y para ello no basta con decirle cuál es su riesgo absoluto. “Al paciente no le dice mucho que hablemos de porcentajes de riesgo, pero sí que lo relacionemos con algo, es decir, que le hablemos de riesgo relativo. Lo más sencillo es, por ejemplo, que a un paciente de 40 años fumador le digamos que su riesgo cardiovascular es el de una persona de 65 años no fumadora. Hay que llevarles al concepto de edad vascular”, defendió.

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Autor: Raquel González

Pequeñas, de un rojo intenso y deliciosamente dulces. Mi padre las cultivaba en su huerto y mi madre las servía bajo una fina lluvia de azúcar. Porque cuidarse es un placer, esas fresas recogen hoy la esencia de este blog que dedico a todos los que os gusta cuidaros o queréis empezar a hacerlo. Como periodista especializada en salud, quiero compartir con vosotros mis conocimientos en esta materia que es mi pasión y mi estilo de vida. Os invito a seguir, compartir y comentar mis post.

2 pensamientos en “Obesos, ¿todos iguales?

  1. Un artículo muy interesante, como siempre! Gracias

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  2. Gracias a ti por seguirme y animarme 😉

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